De "Las aventuras de Tom Sawyer" de Mark Twain
¿Qué pasaría si de pronto volviese la espalda a todo y desapareciera misteriosamente? ¿Si se fuera muy lejos, muy lejos, a países desconocidos, más allá de los mares, y no volviese nunca? ¿Qué impresión sentiría ella? La idea de ser payaso le vino a las mientes; pero sólo, para rechazarla con disgusto, pues la frivolidad y las gracias y los calzones pintarrajeados eran una ofensa cuando pretendían profanar un espíritu exaltado a la vaga, augusta región de lo romántico. No, se haría soldado y volvería, al cabo de largos años como un inválido glorioso. No, mejor aún: se iría con los indios a cazar búfalos y a recorrer el sendero de la guerra en las montañas y en las grandes llanuras ignotas del Lejano Oeste, y al cabo de mucho tiempo volver hecho un gran jefe erizado de plumas, pintado de espantable modo, y plantarse de un salto en la escuela dominical una soñolienta mañana de domingo lanzando un escalofriante grito de guerra que helaría la sangre de todos en las venas y haría morir de envidia a sus compañeros. Pero no, aún había algo más grandioso. ¡Sería pirata! ¡Eso sería! Ya estaba trazado su porvenir, deslumbrante y esplendoroso. ¡Cómo llenaría su nombre el mundo y haría estremecerse a la gente! ¡Qué gloria la de hendir los mares procelosos con un rápido velero, el Espíritu de la Tempestad, con la terrible bandera negra flameando en el tope! Y en el cenit de su fama aparecería de pronto en el pueblo, y entraría arrogante en la iglesia, tostado y curtido por la intemperie, con su justillo y calzas de negro terciopelo, sus grandes botas de campaña, el cinto erizado de pistolones de arzón, el machete, tinto en sangre, al costado, el ancho sombrero con ondulantes plumas, y desplegada la bandera negra con la calavera y las tibias para oir, con un extasis maravillado, los cuchicheos: "¡Es el pirata Tom Sawyer, El Vengador Negro del Caribe!"
