La Coctelera

Viento idiota

Categoría: Michel de Montaigne

24 Mayo 2008

"La ociosidad" de Michel de Montaigne

Vemos que las tierras ociosas, si son ricas y fértiles, rebosan de cien mil clases de hierbas salvajes e inútiles, y que, para mantenerlas a raya, es preciso someterlas y dedicarlas a determinadas semillas para nuestro servicio. Y vemos asimismo que las mujeres producen por sí mismas molas y pedazos de carne informes, pero que, para efectuar una generación buena y natural hay que ocuparlas con otra semilla. Lo mismo ocurre con los espíritus. Si no los ocupamos en un asunto determinado que los refrene y obligue, se lanzan en desorden, a diestro y siniestro, por el vago campo de las imaginaciones: "Como en un vaso de bronce la luz temblorosa del agua que refleja el sol o la imagen de la luna que revolotea a lo lejos, surge en el aire y golpea los artesonados de los techos mas altos". Y no hay locura ni desvarío que no produzcan en tal agitación, "como sueños de un enfermo, se forman vanas imágenes". El alma que no tiene un objetivo establecido, se pierde. Porque, como suele decirse, estar en todas partes es no estar en lugar alguno: "Quien habita por doquier, Máximo, no habita en parte alguna". Recientemente me retiré a mi casa, decidido a no hacer otra cosa, en la medida de mis fuerzas, que pasar descansando y apartado la poca vida que me resta. Se me antojaba que no podía hacerle mayor favor a mi espíritu que dejarlo conversar en completa ociosidad consigo mismo, y detenerse y fijarse en sí. Esperaba que, a partir de entonces, podría lograrlo con más facilidad, pues con el tiempo se habría vuelto más grave y maduro. Pero veo, "la ociosidad vuelve siempre al espíritu inestable", que, al contrario, como un caballo desbocado, se lanza con cien veces más fuerza a la carrera por sí mismo de lo que lo hacía por los otros. Y me alumbra tantas quimeras y monstruos fantásticos, encabalgados los unos sobre los otros, sin orden ni propósito, que, para contemplar a mis anchas su insensatez y extrañeza, he empezado a registrarlos, esperando causarle con el tiempo verguenza a sí mismo.

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