Mil chistes obscenos, o incluso blasfemos, no contribuyen a la condenación de un hombre tanto como el descubrimiento de que puede hacer cualquier cosa que le apetezca no solo sin la desaprobación de sus semejantes sino con su admiración, simplemente con lograr que se tome como una broma. Y esa tentación puedes ocultársela casi enteramente a tu paciente, gracias precisamente a la seriedad de los ingleses acerca del humor. Cualquier insinuación de que puede ser un humor exagerado, por ejemplo, se le puede presentar como "puritana" o como evidencia de "ausencia de sentido del humor".
La ligereza es la mejor de todas las causas. Resulta económica: sólo a un humano inteligente se le puede ocurrir un chiste a costa de la virtud (o. de hecho, de cualquier cosa); en cambio, a cualquiera le podemos enseñar a hablar de la virtud como si fuera algo cómico. Las personas ligeras suponen siempre que son chistosas; en realidad, nadie hace chistes, pero cualquier tema serio se trata de un modo que implica que ya le han encontrado un lado ridículo.